Experiencia Laboral

  • Peón de electricidad.

       De esta actividad, más que la profesión en sí,  me causó sensación la forma de vida alrededor de la obra: el viaje en carretera hasta la población donde estuviese la obra por carreteras secundarias, descubriendo y admirando nuestros paisajes extremeños, el café, el carajillo y el cigarro entre compañeros antes de comenzar, el frío mañanero de la obra,  la comida entre currantes con el vino con casera, en verano los veinte minutos de siesta antes de empezar a trabajar la jornada de tarde (en cualquier sitio, normalmente sobre sacos de cemento, llenos o vacíos, daba igual)  ,…, El ambiente de trabajo y convivencia era especial.

  • Peón en industrias manufactureras.

         Peón de cargas, trabajos en cinta de selección, y otros varios…, comencé en la Fabrica INASA, allí pasé algunos momentos muy duros de carga y descarga, la primera campaña de verano que hice la pase en turno fijo de noche descargando en una torva de agua cajas de tomate de unos 25 kg., cada 7 u 8 segundos, a golpe de campana, durante 8 horas, con 15 minutos de reloj de descanso, fue mi primer trabajo físicamente duro y el que más, con total seguridad.

            El primer día llegué a casa con el cuerpo completamente destrozado, dije a mis padres que no sabía si sería capaz de terminar la campaña…, pero seguí,  gracias a un compañero, me enseñó ciertas técnicas de cómo hacerlo para que el cuerpo no sufriese tanto. Pasamos muchas horas juntos, un verano entero, hasta finales de septiembre, mano a mano, cada una de sus noches, prácticamente sin descansar ningún día, apenas podíamos conversar, el ejercicio incesante te lo impedía. La torva tenía que tener tomate constantemente, él una y yo otra, cuando yo cogía la caja él la estaba volteando, cuando yo la estaba volteando, él la estaba cogiendo, cada minuto de cada hora, de cada noche, de aquel verano, durísimo…

    La temporada siguientes conseguí pasar a otra fábrica más mecanizada, TRAMSA, donde también hacía trabajos duros de carga-descarga y otros un poco tediosos como la cinta continua, pero las condiciones laborales mejoraron bastante, nada como lo pasado.

  • Peón en la agricultura.

(Recogida de Peras, de melocotón,  de manzana, de maíz,…) trabajos muy duros también en algunos momentos: desde coger fruta transportando escaleras de hierro de tres metros y medio, entre líneos anegados de agua y barro, hasta la recogida del maíz, donde con una saca atada a la cintura, andando y arrastrándola de espaldas, tenías que soportar los 40 grados y el escozor que el sudor te producía en las pequeñas heridas que en la cara y los brazos iban haciendo las hojas del maíz, (afortunadamente hoy en día la tecnología ha llegado al campo también y las condiciones han mejorado bastante).

        Pero de todo, lo que más me llamaba la atención era al inicio del día, arrancábamos  de un poblado muy pequeño, varias casas blancas, pequeñitas, creadas para los trabajadores (“La Cica” junto a la localidad de Valdivia),  una finca tremenda, llena de miles de frutales, con kilómetros de caminos para acceder a sus líneos: cada día, al amanecer,  al mismo tiempo, sobre medio millar de hombres nos dirigíamos al corte (lugar donde se iniciaba el trabajo),  por unos caminos de arena fina, levantando una buena polvareda…,  con nuestros sombreros de paja y un sol enorme, anaranjado, que despertaba y salía por el horizonte, con un cielo azul de verano limpio, en diferentes tonalidades que iban dejando la noche para dar paso al día, los miles de árboles frutales, los mosquitos de primera hora… Me daba la impresión de vivir dentro de una gran producción cinematográfica, algo así como “el último emperador  de Bertolucci” pero en versión extremeña,  era fantástico, como un gran cuadro real de grandes dimensiones, donde no sólo formabas parte de él, también tenía la oportunidad de moverme dentro su interior…, aún hoy mantengo viva la imagen de aquellos momentazos…

  • Vendedor de enciclopedias. (Venta a domicilio).

    Un trabajo que abandoné por cargo de conciencia. Una venta muy agresiva, por la mañana nos dedicábamos al puerta a puerta, convocando a toda la familia a una reunión por la noche, dando tiempo a que los progenitores hubiesen finalizado su trabajo y estuviesen todos, padres e hijos, alrededor de la mesa de camilla. La estrategia era hacerles  ver que el fracaso en los estudios  de sus hijos era debido a que no tenían una enciclopedia en el mueble del salón.

     No me siento orgulloso de este tipo de trabajos, por supuesto, pero estamos hablando de 1983 aproximadamente, unas fechas donde la crisis económica también fue bastante dura, (las tasas de paro superaban el 20 %) y  quedaban pocas opciones.

  • Vendedor de seguros. (Venta a domicilio)

Continuábamos en crisis y no había muchas salidas más. Muchos portazos en la nariz y a seguir luchando…

  • Camarero.

Muy poco tiempo, en alguna feria.

  • Dependiente en empresa de moda para hombres (durante tres años).

     Trabajo que tuvo una importante repercusión en mi vida, me dio la oportunidad de descubrir la moda como un arte más, por entonces  irrumpía en el mercado de la moda Adolfo Domínguez, creando nuevos conceptos del vestir.

     Tuve la gran suerte de trabajar en “CHIC”, una empresa de aires nuevos, donde no les importaba arriesgar y traer lo más revolucionario pero a la vez elegante del momento, compaginándolo con los grandes clásicos de siempre.

Hoy en día los dependientes en las grandes franquicias trabajan sobre productos más o menos homogéneos,  suelen marcar una linea que ya conocen los clientes. Los dependientes de las tiendas de antes nos veíamos obligados a conocer a los clientes y saber sus predilecciones, analizarlos y, en función de la imagen que nos proyectaban al entrar por la puerta, saber qué tipo de personas eran más o menos y qué tipo de ropa les podías vender.

  • Ordenanza en la administración Pública.
  • Auxiliar administrativo en la administración Pública.
  • Coordinador y Gestor Cultural en la administración Pública (aproximadamente unos 14 años)

      Me preparé multitud de oposiciones hasta conseguir un puesto en la Administración Pública.                                                                                                     De aquí también saqué su parte positiva, prácticamente en todas se exige la Constitución Española, creo que es importante conocerla para entender el engranaje de nuestra sociedad, pero también por ser la norma básica de nuestro ordenamiento jurídico, y aunque no sea perfecta y necesite una modificación por la evolución de la vida, si nos puede servir de guía como modelo de comportamiento cívico y a la hora de reclamar y exigir nuestros derechos como ciudadanos.

            El trabajar en la administración Pública también me ha dado la oportunidad de hacerlo junto a políticos de diferentes ideologías, dándome la posibilidad de democratizarme en ese aspecto, de aceptar diferentes opciones independientemente del color político.

           En cuanto a trabajar gestionando y coordinando actividades culturales o festivas, creo que ha sido la actividad laboral más gratificante que he realizado en mi vida, he tenido la oportunidad no solo de gestionar, coordinar y contemplar multitud de actos culturales o festivos, cuyos contenidos evidentemente han tenido que influir en mi sensibilidad y comportamiento en el día a día, también el conocer a muchas personas liberadas de prejuicios: intelectuales  o artistas con una visión diferente de lo que nos acontece a nuestro alrededor.

        Habré montado más de un centenar de exposiciones, coordinado multitud de actuaciones teatrales, de danza, de música, conferencias, festivales de teatro, certámenes literarios, encuentros de Bandas de Música, de Corales, Happenings …, (Muchos de estos actos o actividades de una calidad excepcional y otros no tanto), me veía obligado a programar con un año de antelación, y a prever los imprevistos que pudiéramos tener a lo largo de ese año (que no eran pocos precisamente, debido a que teníamos que contar con la implicación de multitud de colectivos y de personas…)  una actividad intensa, variada y rica,  desde el punto de vista del aprendizaje profesional y personal.

         No sólo resulta muy difícil resaltar algo de esta etapa,  también sería injusto, porque fue completamente excepcional, pero aún así me atrevería a resaltar un par de situaciones:

-Una actuación de teatro a la italiana, el público en el escenario y una pasarela en forma de cruz en medio, donde se desarrollaba la escena. La proximidad a los actores era tan cercana que te sentías involucrado en la historia de una manera muy especial, los sentimientos no solo te llegaban, los vivías, la conexión entre actores y espectadores era total. En escena probablemente la mejor interpretación que he visto jamás, por Socorro Anadón,  me impactó.

 – También recuerdo con agrado la relación con todos los compañeros que pasaron por el departamento, pero muy especialmente el trío que formaba junto con el Escultor Antonio Ramos y el pintor Rufino Mendoza, los tres realizamos montajes de infinidad de exposiciones y trabajamos en muchos proyectos a la vez, la sintonía era muy especial, tanto en el terreno profesional como personal, pasamos muy buenos momentos, nos encantaba hablar de arte, tomarnos cuatro cervezas y reírnos. Antonio Ramos, al que admiro como escultor y persona, me parece que tiene una obra con una personalidad arrolladora, y del maestro Rufino Mendoza, unos 20 años mayor que nosotros, (fallecido hace algunos años (d.e.p.)),  pintor autodidacta y bohemio, aún recuerdo algunas de sus reflexiones, uno de sus objetivos de cada día era “dormir a pierna suelta”,  objetivo que solía cumplir habitualmente, era consciente que cuando lo hacía era porque durante el día había actuado conforme a los dictados de su conciencia.

 Administrativo en la administración Pública (Profesión actual).

         Estos últimos años he trabajado en personal y régimen interior: Ha coincidido con los años de crisis, también hemos vivido experiencias duras y difíciles,  personas demandando trabajo y que la situación les sobrepasaba tanto que “perdían los papeles”, comportándose de manera violenta o poco adecuada, recuerdo un caso muy especialmente:

“Una persona adulta, unos sesenta y algo de años, con aspecto de currante de toda la vida, con unas manos robustas y grandes, de esas que nunca uno le gustaría imaginar en su cara, demandando una entrevista con el Concejal/a Delegado/a de Personal, para pedir trabajo o reiterárselo por segunda o tercera vez, no recuerdo muy bien, y la impotencia, imagino, le hizo actuar de malas maneras en el departamento, atacándonos verbalmente a los trabajadores, me levanté para reprocharle su actitud y hacerle ver que los trabajadores no éramos responsables de su desafortunada situación y que con su manera de actuar no conseguiría nada, la respuesta que obtuve fue:

 “que no le hablase de forma educada que eso era de fascistas”,

terminó amenazándome, diciéndome que nos veríamos las caras cuando nos encontrásemos en la calle, le respondí que no era necesario que esperásemos a que me encontrase por la calle que en aquel mismo instante me podía ver fuera de las oficinas (error gravísimo), él salió de las oficinas a la calle y yo salí tras suya, afortunadamente ni él volvió la vista atrás ni yo le dije absolutamente nada, se marchó.

            Reconozco no haber actuado correctamente, la respuesta me dejó fuera de juego por completo y no paré de reflexionar sobre la situación.  Creo que los ciudadanos impotentes ante la brutal crisis que hemos padecido recientemente, se encontraron con una administración hermética, con discursos llenos de palabras con mucha educación y respeto, pero carentes de contenido y de soluciones, que a la vez se le sumaban los numerosos casos de corrupción política, creándose una sensación de abismo entre la administración pública, encabezada por los políticos, pero donde los funcionarios también estábamos incluidos, y el ciudadano de a pie, despojado de la herramienta más básica para poder sustentar a sus familias, “el trabajo”.

             Quiero entender que para ese ciudadano yo era parte de esa respuesta reglada, educada y carente de soluciones, que servía únicamente de muro infranqueable para que pudiese transmitir su malestar, indignación y reclamar algo que para él era un derecho natural de la clase obrera, y que además había hecho durante toda la vida, “El poder trabajar para mantener a su familia”.

         Quiero entender también, que el fascismo para ese ciudadano era la clase política, independientemente del signo o color,  como un ente opresor que gobierna en la opulencia y  no solo desprecia las necesidades de la clase obrera, también las utiliza y se aprovecha de ellas para mantenerse en su estatus,  y donde los funcionarios actuamos como sus brazos ejecutores.

        Creo que en su momento no supe entender su lenguaje y aunque resulte contradictorio decirlo, considero que llevaba su parte de razón: el hecho de que le hablase educadamente y con fundamentos, pero sin solucionarle sus problemas reales, también podría considerarse un acto de violencia, violencia porque  estaba utilizando un lenguaje de formalismos que él no entendía y contra el que no tenía opciones para su defensa, violencia porque cuando dos contrincantes se enfrentan, uno de ellos utiliza un tanque y el otro un tirachinas solo cabe la humillación, esa es la violencia, la humillación que él sentía con mi respuesta educada, reglada pero sin soluciones reales. 

Creo que ese día recibí una lección importante: estamos acostumbrados a comunicarnos a través del lenguaje de un idioma, mediante el significado de sus frases o palabras, y actuamos conforme a unas normas escritas y  pactadas mediante formalismos, pero existen otros tipos de lenguajes donde no hay palabras, ni frases y otros tipos de normas que no están escritas o pactadas, se trata de la vida en sí misma, todos queremos vivir pero además todos queremos hacerlo con dignidad y                                                                                                                                                             “el lenguaje, las normas y los formalismos no pueden, ni deben servir nunca para crear fronteras entre  personas con dignidad y sin ellas.” 

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